“Y así el fin supremo de la vida
Es necesariamente el mismo para el individuo
Que para los hombres reunidos y para el Estado en general”
(Aristóteles, “La política”, libro IV capitulo III)
jueves, 2 de agosto de 2007
¡Que la verdad sea dicha!
No sienten a veces que la verdad flota en el aire, frente a nuestras narices, pero no la vemos.
¡Que la verdad sea dicha!, dicen por ahí, ciertos residuos de intelectualismo desfasado, creo yo que lo cierto es que la verdad o no la queremos ver, o sentimos miedo de decirla. De esta forma creamos seudas reuniones de grandes intelectos, grandes jóvenes pensantes, que lamentablemente llegan a conclusiones irrisorias, después de tanto merodear en el paradigma del conocimiento, no son ni siquiera capaces de decir algo tan simple como la verdad. Si entramos en este punto, discutiremos largamente acerca de la objetividad de la verdad, porque lo que para mi es verdad para ti es mentira. Hay quienes osan llegar más lejos, demostrando incluso, no en menos ocasiones, que la que ellos consideran como verdad, es un instrumento de poder, de ambición e incluso de orgullo. Ahora bien, la pregunta que debemos responder, no es ¿cuál es la verdad?, sino ¿cuando diremos la verdad?; Cuando seremos capaces, por ejemplo, de manifestar con absoluta seguridad los conflictos de nuestro entorno académico más cercano.
¡Que la verdad sea dicha!, Ante todo tipo de verdades que osemos decir, es preferible primero realizar un autoanalisis de cada uno de nosotros, y al realizar esto podría decir con absoluta certeza que si queremos cambiarla las cosas debemos empezar por cambiar nosotros, nuestra alma, nuestro trato con el otro, porque, ¡por dios que somos egoístas en esta facultad!, es increíble observar, que incluso algunos llegan al extremo de contentarse por el fracaso de otro. Al observar este declive de la ética humana, me parece todo tan repugnante, me parece nefasto que no tengamos la capacidad de decir las cosas por su nombre.
¡Que la verdad sea dicha!, No obtenemos nada asistiendo puntualmente a todas las asambleas, para decirles a nuestros representantes lo que deben hacer, o hablar al estilo del más ilustre republicano de lo que soñamos como ideario de universidad, si no tenemos la voluntad y capacidad de comenzar el cambio por nosotros, por nuestro conglomerado más pequeño; nunca cambiaremos nada si no actuamos con conciencia, y toda la utopía de una universidad mejor será sólo eso, sólo un sueño de hombres de buena fé; y nuestros hijos, nuestros nietos y bisnietos, cuando vengan a este lugar creerán lo mismo, y al final de sus días de estudio dirán que el cambio vendrá. Esto me hace recordar la vieja consigna de un grupo de hombres que lucharon por la libertad “La alegría ya viene”. A veces uno siente que la alegría ni siquiera existe, no al menos, para quienes tienen que lidiar día a día con los problemas de esta sociedad.
¡Que la verdad sea dicha!, ¿Alguien se ha detenido a conversar con el compañero que no habla con nadie, y preguntarle como está?, ¿alguien ha alentado a otro en vez de mofarse y criticarlo?. Son contadas las personas y las ocasiones, porque este pequeño rincón del mundo parece a ratos el clásico Nueva York, con todo su gentío corriendo, apresurado, siempre más preocupado de la Bolsa que de la pobreza, y no hablo de pobreza en sentido material, sino más bien en sentido espiritual. Parece que a nuestra corta juventud el sistema ya es nuestro hogar, yo no digo que no debamos pertenecer a él, si ya en cierto modo estamos en él, sino más bien quiero decir que el sistema no lo es todo, que existen millones de cosas más que correr por lo pasillos para memorizar un artículo.
¡Que La verdad sea dicha!, la verdad es que me siento un tanto triste y un tanto decepcionado. ¿No es este acaso el ideal de universidad que todos soñamos?. Porque si este es, lo mío no fue un sueño, si una pesadilla. ¿Será mejor acaso arrancar? En viejos cuentos de piratas, las ratas huían cuando el barco se hundía. Debemos elegir ¿queremos ser las ratas que huyen? O ¿queremos ser los músicos del “Titanic” que tocan hasta morir? Yo quisiera ser uno de ellos, pero ¿Cuándo?, no se como ni por donde empezar, es difícil, debo decirlo, pero creo que un poquito de solidaridad me ayudaría, un poco más de tiempo para escuchar serviría, porque como dice don Mario Benedetti “hasta el aburrido tiene cosas que contar”.
Sólo quería por una vez en mi vida expresarme sin tapujos, hablar de la realidad, aquí y ahora.
MARIO FUENTES ROMERO
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)







No hay comentarios:
Publicar un comentario